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MIS VIAJES POR EL ROMANICO

Cuando las piedras te hablan, sientes
en tu interior la magnitud de este arte románico.
Esta escritura en piedra que nos dejaron
 los canteros medievales.
Tocar… acariciar estas viejas piedras,

me ha dicho cosas, muchas cosas

       Quiero recopilar en estas páginas  todas  mis experiencias a través de los distintos viajes que he realizado con la familia y amigos por diversos puntos de nuestra geografía, que me han servido, además de diversión, para enriquecerme culturalmente gracias a la gran cantidad de monumentos que he tenido la suerte de poder visitar.

También quiero recordar la cantidad de puertas a las que hemos tenido que llamar para visitar templos casi desconocidos, las kilometradas realizadas, el maltrato que he dado a mi coche y al de mis amigos por caminos tremendos y las maravillosas personas que he ido conociendo y tratando mientras recorría el verdadero e ignorado románico rural, donde el amable señor o señora que se presta a dejar lo que está haciendo para acompañarte a su iglesia, mientras se asombra de que alguien pueda haber llegado hasta allí para visitar su templo.

 Lugares en los que pese a conservarse sólo una pequeña portada, dos canecillos en el muro sur, o un insignificante resto románico, me han parecido dignos de ser visitados y admirados, no ciñéndome exclusivamente a los típicos circuitos románicos de los grandes templos.  Todo esto es lo que quiero expresar en este espacio, por lo que espero que el que se digne leerlo no vea en él mi falta de conocimientos, sino la ilusión con que está escrito. De estas leyendas saben mucho los viejos del lugar y si dispones de tiempo,  merece la pena perder un poco escuchándoles. 

Pero no solo estos pequeños pueblos han sido objeto de mi visita, sino que también he recorrido otros con bastante solera, tanto de  Cantabria como de  varias provincias cercanas,  pero está claro que si he escoger, me quedo con el encanto de esas minúsculas aldeas  de los valles de  Liébana, Campoo, Valderredible... y la riqueza en calidad y cantidad de la comarca del Besaya.



Hay que recorrer sin prisas cualquiera de estas comarcas, o todas ellas, pues supone, a la par del goce estético de paisajes muy hermosos, participar en la intensa melancolía que producen tantos pueblos abandonados, con sus casas desventradas y sus templos saqueados.  Los desamparos del presente conviven con las ortigas, los cardos y los espinos, creciendo frondosos entre muros despostillados



         En mis recorridos por estas rutas de Cantabria, Palencia, La Rioja, Burgos, Zamora, León Soria, Segovia, Navarra, Ávila, Asturias y Galicia, me han ocurrido infinidad de anécdotas que me llevarían mucho tiempo y espacio poder contar, pues me ha ocurrido de todo, desde pasarme un día entero tomando fotografías  sin darme cuenta de que tenía la cámara averiada, hasta salir corriendo de algún pueblo perseguido por varios perros que me querían dejar sin pantalones.

  Pero bueno esos son pequeñas aventuras que no han enturbiado para  nada la satisfacción que he tenido cada vez que visitaba unos restos románicos.  He podido visitar extraordinarias iglesias y catedrales, como Frómista, Carrión de los Condes, Toro, Zamora y Santiago de Compostela, pero también he visto, minúsculas ermitas de apenas veinte metros cuadrados que también tenían gran interés. 



Si he de elegir alguna entre las que me haya impactado más, escogeré dos, una de la provincia de Burgos y otra de la de Palencia.  Se tratan de San Pedro de Tejada en Puente Arenas y San Pedro de Moarves, que a pesar de ser de reducidas dimensiones, poseen en sus muros una extraordinaria riqueza en su escultura.  También merece la pena destacar el extraordinario friso de la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes y la fabulosa colección de capiteles y canecillos de San Martín de Frómista.



Lo más triste es que con la decadencia de la vida rural, después de más de ocho siglos de resistencia, comprobamos con harta frecuencia que la ruina avanza galopante y el fin se palpa ya, anunciado por las grietas y desplomes de muros y bóvedas.  El principal inconveniente que me he encontrado, ha sido la enorme cantidad de iglesias  cerradas en nuestro camino, unas porque solo se abren en horas de culto y otras a causa del horario, que no coincidía con nuestra estancia, aunque a decir verdad creo que he tenido suerte con los curas y los encargados de las llaves de las iglesias.  Pero bueno eso son pequeños problemas que no enturbian para nada el objetivo propuesto.


El  Románico


El origen de este estilo es, quizás, una de las cuestiones más candentes de toda la Historia de Arte: las razones de su aparición, la condensación de sus formas y estética y las causas de su expansión por toda Europa constituyen los puntos más debatidos por los historiadores del arte.  Y todas esas discusiones vienen dadas por el estado político, religioso, social y económico del momento en que surge y se extiende.



        Las primeras versiones parten de las crónicas del momento, sobre todo de las que escribiese en 1048 el monje de Cluny Raúl Glaber, anuncia en su obra “Historias” que escribió a principios del siglo XI, el inicio del arte románico, cuando se empieza a superar el terror del cambio de milenio  y en las que se nos habla de cómo en cincuenta años se edificaron centenares de monasterios e iglesias <<como acción de gracias>>, refiriéndose al supuesto fin del mundo del año 1000.  Son versiones donde la leyenda, la superstición y la tradición se unen, pero que nos dan clara idea del auge constructivo en el que nace el románico.


En los albores del milenio había invadido las conciencias un sentimiento de temor y esperanza.  Los cristianos consideraban que un día este mundo acabaría.  La creencia consistía en que, cuando hubieran concluido los mil años del encierro de Satanás, el mal invadiría el mundo y comenzaría el tiempo de las tribulaciones, pero, sólo durante un breve periodo;  transcurría un reino terrenal perfecto, imagen del Paraíso, que precedería al fin del mundo.

         Las Trompetas del Apocalipsis



“Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi, una estrella que cayó del cielo a la tierra;
y le fue dada la llave del túnel que lleva al abismo profundo…

“vi, un ángel que descendía del cielo, trayendo la llave del abismo y una gran cadena en su mano.  Tomó al dragón, la serpiente antigua que es el diablo, Satanás,  y le encadenó por mil años.

Lo arrojó al abismo y cerró, y encima de él puso un sello para que no extraviase más a las naciones, hasta terminados los mil años, y después de los cuales será soltado por poco tiempo.

Vencido este plazo,  Satanás será soltado y saldrá a extraviar a las naciones.”…
Con el sonido de la sexta trompeta, quedan liberados los cuatro ángeles. Que aparecen sobre la superficie del lago Éufrates, ataviados con armaduras, espadas y lanzas; están preparados para matar a la tercera parte de los hombres…

Fueron sueltos los cuatro ángeles, que estaban preparados para la hora, y para el día, y para el mes, y para el año…


(Apocalipsis, 9:)

        Todo está cercano, pero también se habla del milenio y esta duplicidad es la que induce a los cristianos de la Edad Media a abandonar todo lo de este mundo y aprestarse al reino de Dios.    Las señales no dejaban lugar a dudas.  Claramente se indicaba el espacio de tiempo que el hombre debía esperar sobre la tierra hasta que llegase su hora.  Además, el miedo por el fin del milenio se adueñaba del hombre medieval, que ya había soportado plagas, hambrunas y guerras sumido en la más absoluta pobreza.

         Cuando por fin acaba la tortura por el cambio de milenio, parece comenzar a revivir el optimismo por la vida.  En este nuevo clima, los monasterios comienzan a ser muy extendidos en casi todos los lugares y ya no tienen esa localización tan definida de la Alta edad Media. Jerusalén, Roma y sobre todo Compostela se convierten en centros de peregrinaje que fomentan junto con el movimiento guerrero-religioso de las Cruzadas un intercambio de conocimientos, culturas y formas de vida entre los europeos y entre estos y la sociedad islámica.

         Fue este fenómeno de resurgimiento social, y espiritual, el que hace vivir a Europa un periodo de “Renacimiento Románico”, una auténtica fiebre por las construcciones, que se caracterizan por pretender parecerse a la cultura romana precedente. Estas iglesias a veces eran construidas sobre cementerios donde habían sido enterrados santos y mártires, otros sobre los cimientos de otra anterior más pequeña y se reutilizaban las mejores piedras en la nueva. Otras, veces se iban demoliendo solo algunas partes, para así poder seguir con el culto mientras duraban  las obras.   

También procuraban que las iglesias se encontraran cerca de alguna cantera, para así facilitar la labor de los peones encargados de arrancar los bloques y de transportarlos hasta donde los canteros pudieran tallarlos.  Normalmente estas piedras se cincelaban para convertirlas en sillares, que una vez acabados, se marcaban para poder colocarlos ordenadamente.   Sin embargo las dificultades en algunas zonas de conseguir esta piedra, pueden producir importantes variantes, así como el de limitar su uso.  El ladrillo es un buen sustituto; a veces se utiliza para la totalidad de la fábrica.


 El edificio románico pretende ser una construcción fuerte de muros rotundos y compactos que soportan una estructura abovedada.  Una serie de líneas arquitectónicas horizontales y el uso de bóvedas y arcos de perfil semicircular, contribuyen a crear la sensación de horizontalidad en los templos.  Sin embargo se han cargado tintas sobre la definición de la arquitectura románica como excesivamente pegada al suelo y de la falta de esbeltez.

Para levantar el muro de la nave, era necesario colocar dos hileras de sillares, con un grosor de un metro o metro y medio aproximadamente.   El hueco que quedaba entre los dos sillares, se rellenaba con cascotes, y argamasa de arena, cal, y agua, con lo que conseguía cimentar el muro.  Estos muros tenían que tener una gran solidez porque eran los encargados de aguantar todo el peso de las bóvedas.  La piedra que se solía utilizar, era la arenisca, por su poca dureza y facilidad para trabajar con ella.  En nuestra zona norte las más utilizadas eran dos variantes de tonos, la rojiza y la de veta amarilla.

A medida que los muros crecían en altura, se hacían  indispensables los andamios hechos de tablones que se ataban entre sí, para facilitar el trabajo de los canteros y albañiles, que disponían de pequeñas poleas para subir los sillares. Cuando ya estaban construidos los muros laterales, era necesario comenzar las bóvedas: estas se hacían colocando entre los muros un entablado de madera semicircular que sujetaba cada una de las piedras del arco, (denominadas dovelas),  hasta que el arco, una vez colocada la dovela clave en el centro, podía sostenerse por si solo.  Esta operación se repetía varias veces colocando los entablados cada vez más atrás, hasta que se formaba una bóveda de cañón

Un maestro de obras vigilaba en todo momento la correcta colocación de las piedras.  Algunos de estos orgullosos de sus obras, nos han dejado  impreso su nombre, como es el caso de Juan de Piasca o Micaelis.  Será el maestro Mateo, el responsable de la obra de la Catedral de Santiago de Compostela, el que marque definitivamente la postura del artista que se siente orgulloso de su trabajo.

El arco más utilizado por el artista del románico es el de medio punto y de sección rectangular, enriqueciendo en su intradós con uno más estrecho, decorando sus ángulos con dos molduras de sección semicircular.  A partir del siglo XII también se emplea el arco apuntado, también llamado ojival, unido por dos segmentos curvos que forman ángulo en la clave. Esta intervención fue esencial para el desarrollo de la arquitectura medieval posterior


          Las partes  del edificio donde se aplica más en la decoración son: las portadas, los capiteles tanto exteriores como interiores y de los claustros, las cornisas y los aleros.  La portada está ornamentada con una serie de arcos con molduras, o arquivoltas, de tamaños decrecientes y progresivamente rehundidos, que terminan apoyados sobre impostas y rematados con columnas, produciendo un efecto abocinado.         Alguna de estas portadas suele llevar un tímpano situado entre el arco y el dintel, espacio donde se desarrolla mucho la decoración, con temas tan importantes y característicos en el románico como el Cristo Pantocrátor, encuadrado en una mandarla, rodeada por los cuatro Tetramorfos de los Evangelistas.  También se representa con asiduidad en el tímpano, el Juicio Final.



Las ventanas son interesantes elementos del templo concebidos para la iluminación del recinto sagrado, y rematar en un pequeño arco de una sola pieza.  Sin embargo en la plenitud del románico en el siglo XII, se realzó en la mayoría de los casos mediante una arcada con sus correspondientes columnas y capiteles.  Estas ventanas suelen ser: de tipo portada, de aspillera, saetera y con parteluz.





En el tímpano de las portadas se han labrado verdaderas maravillas escultóricas. Fueron frecuentes los temas del Juicio Final y de la Pasión  de <Cristo, que eran buena muestra del poder y del autoritarismo de la iglesia, ya que recordaba a los fieles que solo era posible la salvación gracias al sacrificio de Cristo y los preceptos y normas de la iglesia.


El campanario de un templo románico es el lazo de unión entre Dios y los hombres, y a su vez,  simboliza todo el poder de la Iglesia.  Pueden ser de una pared colocada regularmente en el muro occidental, con una o varias troneras para alojar la campanas y sería la espadaña, o de un campanario de varios pisos y con ventanas simples o geminadas.  La torre cuadrangular de varios cuerpos se suele ubicar en diferentes partes del templo, ya sea en los laterales, o sobre el crucero.  



El claustro es un elemento románico exclusivo del mundo monacal o catedralicio y se convertía en la Edad Media, en el corazón de la vida de los monjes.  A él daban  la demás  dependencias de la casa.  Suele tener forma cuadrada y la parte que mira al patio se levanta con arcadas corridas muy similares a las que vemos en las galerías porticadas.  Especial atención merece el claustro de Santo Domingo de Silos, ya que este bellísimo monumento eclipsa a todos los demás por sus extraordinarias dimensiones,  por la armonía de sus 120 arcadas, y por la exquisita e insuperable labra de sus capiteles.

  No nos olvidemos del que se encuentra en la Colegiata de Santa Juliana, en Santillana del Mar, que se cita entre los más bellos del románico.  Otro claustro de singular belleza lo podemos encontrar en Soria. Se trata del claustro descubierto de San Juan de Duero, que junto a su iglesia es lo único que queda en pie de un antiguo monasterio medieval que fue construido a la vera del río en el siglo XII.


       El capitel dentro del edificio románico, cumple la doble función: estructural e ilustrativa.  En él se apoyan los arcos que sostienen las bóvedas, las arquivoltas de las portadas y ventanales, los arquillos de los frisos o de galerías porticadas; ocasionalmente su ubican bajo las cornisas, cumpliendo la misma función que los canecillos, e incluso rematan las columnillas que soportan algunas mesas del altar.
          
          Sin embargo el capitel románico es ante todo el exponente de la plástica del momento ya que en estas piezas, se concentran especialmente las decoraciones escultóricas.  Desde el punto de vista estético, el capitel románico deriva del clásico corintio, De modo que uno de los motivos más utilizados es la vegetación, y especialmente aquella basada en el acanto, rematado muchas veces en volutas, aunque sin desdeñar otros tipos,  también empleados con profusión, o el crochet, sencilla hoja plana rematada en bola colgante y que constituye uno de los prototipos más claramente románicos 


        Especial interés tuvieron los artistas medievales en presentar los aleros y cornisas.  Remataban sus obras con el mismo entusiasmo que las iniciaban.  La mayoría de las cornisas decoradas se adornan con billetes, ajedrezado o zarcillo.   Los canecillos se cuentan por miles y son de una enorme variedad, con una temática muy diversa y una calidad contradictoria. 


        No se han escatimado alusiones a monjes, pastores, músicos, bailarines, figuras obscenas, provocativas o de pura grosería.  Han tenido que pasar muchos años para que tomemos conciencia del arte. El románico interesa, y al cabo de muchos años de ignorarlo, se ha caído en la cuenta de que es una manifestación de arte, de verdad y de misterio.  

Encierra vida, acumula historia y al ser un arte eminentemente simbólico se hace atractivo y se convierte en un arte didáctico.  El arte románico nació para enseñar, por eso contemplar este arte, no es solo ver muros y formas, sino que en la visita a un templo románico hay que intentar desentrañar el misterio y el mensaje que se nos da, a través de estas piedras talladas por los escultores.


El Románico en Cantabria


“Al románico cántabro se le asocia de inmediato con el    erotismo, sin embargo, son muchas las obras románicas cántabras que reclaman una atención más profunda”


Tierras liberadas del Islam desde los primeros momentos, conocieron importantes construcciones mozárabes que llegarían en uso hasta el siglo XII.  De ahí que hasta la construcción de la colegiata de Santillana del Mar no se encuentren antecedentes románicos significativos.  La influencia castellano-leonesa va a ser la nota predominante en el románico cántabro, románico maduro, vencido ya su punto álgido.


El románico en Cantabria tiene su principal presencia en los valles interiores.  No obstante, la costa y sus entornos también cuenta con numerosos ejemplos, aunque suele ser más tardío que en el interior.  La cuenca del  Besaya, río que atraviesa Cantabria de norte a sur es una zona rica en románico.  Además de su cuantía, es seguro que nos encontramos con el románico más altamente cualificado. 



Las iglesias más relevantes de esta cuenca son; la de San Cosme y San Damián en Bárcena de Pie de Concha,  Santa María de Yermo, y San Facundo y San Primitivo en Silió.  Aunque hay otras muchas que si no tienen tanta importancia como estas, si disponen de interesantes restos románicos. 

Las iglesias románicas en Cantabria se construyen en los siglos XI, XII, hasta finales del XIII, por ello sus mejores fábricas se suelen encontrar en aquellas entidades religiosas más destacadas.  En nuestra región las principales iglesias románicas estuvieron en los monasterios que prácticamente dominaron toda nuestra provincia. Y digo estuvieron, porque algunos, con sus reformas, acabaron por eliminar las primitivas construcciones románica.   

Es el caso de Santo Toribio de Liébana que la cambió a mediados del siglo XIII por la gótica que ahora vemos; o Santoña que aunque persisten testimonios del viejo monumento, fue igualmente reformada a los largo de los siglos XIII-XVI.  Otros señoríos monásticos importantes, como Santillana, Castañeda, Cervatos, Piasca, o San Martín de Elines las han conservado casi totalmente en su primitiva traza románica.


Nuestras iglesias románicas fueron levantadas en los valles entonces más poblados y a lo largo de los caminos y calzadas más transitadas.  Así en nuestra región podemos señalar un foco románico a lo largo de la costa, siguiendo el viejo camino a Santiago, vigente en los siglos IX y X.  Monumentos románicos colocados en esta vía, los hallados desde Castro Urdiales a San Vicente de la Barquera, destacando como las más importantes, las de San Román de Escalante y Santa María de Bareyo, ambas de finales del siglo XII, con notable conjunto escultórico, y la de Santillana del Mar, que tiene en su colegiata el más valioso monumento.

Otra ruta importante es la del río Besaya, vía antiquísima, ya utilizada por los romanos, que ponía en comunicación la costa con la meseta.  A lo largo de este valle aún perviven interesantes iglesias románicas, como la de Santa María de Yermo, viejo monasterio ya con vida en el siglo IX, de una sola nave, muy entera y con uno de los pocos tímpanos decorados que Cantabria puede exhibir.  Tiene una fecha muy concreta,  el año 1203.    Siguiendo hacia el sur, están las parroquias de San Juan de Raicedo, con maestros que trabajaron en Cervatos, San Andrés de Cotillo, ermita de San Lorenzo de Pujayo, que hoy podemos visitar en Molledo, San Facundo y San Primitivo de Silió, San Martín de Quevedo, Bárcena de Pie de Concha y Rioseco.  Casi todas pequeñas iglesias de concejo que, salvo excepciones, pueden colocarse en la primera mitad del siglo XII.
Cuenca del Besaya
            Entre Reinosa y Suances el río Besaya hilvana pueblos y parques que conservan casi intacta su estampa tradicional, rica en monumentos y casonas típicas cántabras.  Hay lugares que rayan con la civilización más ajetreada, pero conservan, sin embargo, un ritmo apacible -que llamamos de otros tiempos- y un paisaje idílico donde la aportación humana y de la naturaleza logra un entendimiento casi perfecto.
        
         Paralelas al Besaya y entrecruzándose con él se construyeron la calzada romana, el Camino Real, la vía del ferrocarril y la carretera nacional y, ahora la autovía, última propuesta de la modernidad cuyas obras no dejan de ser una amenaza para la belleza y la tranquilidad de estos parajes.


Un recorrido por la cuenca fluvial arroja la evidencia de que este territorio posee un pasado denso y que muchas de sus huellas han sido mimadas y conservadas.  Los pueblos mantienen casi intacta su estampa tradicional, rica en casas señoriales, torres defensivas, portones monumentales con escudos nobiliarios y hermosas construcciones populares de piedra, adornada con balconadas de madera cuajadas de flores.  A dos pasos de Torrelavega, y dentro del valle, Cartes y Riocorvo ofrecen también dos conjuntos históricos con una espectacular concentración de casas de piedra roja de los siglos XVII y XVIII.
        
   Una vez más la historia aporta datos para entender esta concentración de monumentos en un espacio tan reducido.  Los romanos, tras dominar a los bravos cántabros, hicieron del curso del Besaya el principal paso desde la Meseta al mar Cantábrico, comunicando la ciudad de Julióbriga con Portus Blendium (Suances).  Para ello, construyeron la calzada que todavía hoy puede recorrerse en el tramo entre Somaconcha y Pie de Concha.  En la Edad Media, esta ruta era utilizada por los peregrinos que enlazaban con el Camino de Santiago en Santillana del Mar, y fue este mismo eje por el que se desarrolló la vía comercial de la lana y del trigo de Castilla hacia los puertos de Europa.

                                Calzada romana

  Esta vía natural de penetración lógicamente en época románica estuvo poblada de iglesias y monasterios de los que se conserva una buena parte.  Se trata de pequeñas iglesias de una sola nave, y por lo general con techumbre de madera y con ábside semicircular.  Subir la cuenca del Besaya es un paseo que el curioso de la arquitectura románica hará con fruto y placer.

 Como camino transitado durante los siglos XI -XII  debieron levantarse varias iglesias románicas, alguna, como la de La Serna, dedicada a Santa María en 1.067, conserva aparte de la inscripción, restos interiores de un románico de influjos navarros  (Leyre). Otras como la de San Juan de Raicedo, ya se levantarían a principios del XII y que perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén, como priorato, con otras en el valle, como Santa Águeda, La Serna y Arenas. Todas dependían de la Bailía de Población de Campos. 

Y por fin llegamos a Cartes, en el que hay indicios de ocupación humana en el Paleolítico Medio.  Concretamente cerca de la localidad de Bedicó están las cuevas de La Cuevona, Gurugú II y Gurugú III.  La Cuevona o Gurugú I es una cavidad con enorme vestíbulo donde hay practicadas calicatas antiguas, que se hicieron al conocer las características del terreno. En el material extraído para hacer la exploración se encontraron abundantes lascas de silex, además de conchas y restos de ciervos.

También aparecieron abundantes fragmentos de cerámica  de la Repoblación.  El Gurugú II, es una cavidad estrecha, de tamaño medio donde ha aparecido cerámica medieval. El llamado "Hacha de Bedicó" es un fragmento de canto con bulbo intensísimamente patinado, encontrado cerca de las minas.  Además en el monte Iso en Mercadal se ha encontrado un menhir y evidencias de construcciones megalíticas.  Es indiscutible la presencia del Imperio Romano en esta zona.  La calzada cruzaba por San Cipriano y Mijarojos para seguir por Reocín hasta Suances.  En Riocorvo y en el barrio San Miguel se conservan restos de este viario romano, así como el puente Lanjarera en Yermo atribuido a este periodo.  

  

Hasta el año 750 no se construirían los núcleos de población estables en Cartes, con la Repoblación de Alfonso I de Asturias.  Esta Repoblación fue posible gracias a las gentes que venían huyendo de la invasión árabe y de los cristianos que Alfonso I se trajo del norte de la meseta.  Los obispos Severino y Ariulfo, refugiados en el valle de Cohicillos fundan uno de los primeros monasterios de Cantabria, Santa María de Yermo.  En el año 853 es donado al obispo de Oviedo, fecha en la que se documentan;  Yermo  (Hermo), Bedicó (Fontem Vellicam)  Riocorvo (Rivo Curvo) y San Miguel  (Sancti Micaelis de Quo).

Según avanza la Baja Edad Media se levantan los magníficos templos románicos de la ruta y el camino se jalonará de los hospitales que proporcionan alivio a los peregrinos.  Estos hospitales estarían situados en Cartes, Riocorvo, Los Corrales de Buelna, Silió y Bárcena de Pie de Concha. En torno a este valle florecen importantes iglesias románicas como Santa María de Yermo y la hoy desaparecida, San Martín de Cartes.  Esta iglesia de San Martín junto a la encina milenaria que la circunda, eran el emblema de la villa de Cartes, como  elementos que se desarrolaban dentro del paisaje del pueblo.  La encina hoy en día sigue en pie, aunque ya note el paso del tiempo,  la iglesia no, la iglesia dejaron que se derrumbara sin hacer nada por restaurarla.

Pero los habitantes de estos pueblos, que no tienen por que entender de arte, si no entienden quienes rigen sus destinos, veían aquellos sillares de  piedras y arquivoltas,  talladas con capiteles y canecillos como un buen medio de afilar el dalle y no como objeto de degustación artística, por lo que al final no hicieron nada por evitar su derrumbe.


Este iglesia perfectamente nos habría podido hablar hoy  de cuando doña Aldonza visitaba la villa de Cartes en 1421 para tomar juramento de vasallaje a los súbditos de su esposo y precisamente lo hizo junto a  esta iglesia, que era el  lugar de reunión del concejo, de las autoridades de la villa.  No muchos años después, llegaría a la iglesia de San Martín Garci Fernández Manrique, para recibir  “pleito homenaje del concejo”

Iglesia de Santa María de Yermo 

Comenzamos nuestro recorrido por las iglesias románicas de Cantabria, por una que para mí tiene especial interés, por lo que esta iglesia de Santa María de Yermo me trae los mejores recuerdos de mi niñez, sobre todo cuando subía por la aún empedrada carretera en la moto o en la bicicleta del señor cura.

Para llegar a esta iglesia que es la parroquia de los pueblos de Riocorvo, Yermo y Cohicillos salimos de Torrelavega con la intención de contemplar uno de los mejores templos del románico montañés.  En nuestro camino  nos encontramos con la Villa de Cartes, uno de esos pueblos  más relevantes de las Asturias de Santillana.  Apartado desde hace años del camino real, como si se hubiera querido respetar su ambiente de serenidad y sosiego.  El silencio de sus muros medievales, la paz de sus piedras grises adornadas de escudos, pertenecientes a los Obregón, Bustamante, Fernández Vargas,  Herrera, Cevallos, Velarde, Alonso, etc.    Ellos nos dan idea, de que lo más granado de la nobleza, radicó en esta villa, cuya perspectiva arquitectónica actual representa un significativo pasado medieval, cuyo aire aún conserva y que le llegó por el hecho de constituir el centro de una administración señorial.  



  No es Cartes ciertamente, una villa populosa, pero si es un magnífico escaparate en el que se expone al visitante todo cuanto hay allí de interés, mucho más de lo que pueda suponerse, porque allí, a la orilla del camino, su caserío vetusto, puede hasta cierto punto, competir con el de Santillana, puesto que abundan las casonas señoriales decoradas con abultados e insinuantes escudos de los hijosdalgo que habitaron la villa, por lo que si alguien comparó Cartes con Santillana, no quedó mal en la comparación, por los linajes de uno y otro lugar, ni en la antigüedad de sus piedras.  Pero lo que realmente merece la pena contemplar, son los restos de la antigua y orgullosa fortaleza torreón, que los Manrique de Lara construyeron sin duda para defenderse de sus peligrosos vecinos, los de la Vega.  Estos Torreones, lucieron escudos que fueron posteriormente destruidos.





Siguiendo nuestro camino llegamos a Riocorvo y hacemos una parada en el pueblo para recordar viejos tiempos.  Este pueblo declarado Bien de Interés Cultural en 1.981 destaca por su arquitectura civil  y sus  casonas y palacios conforman un paisaje típicamente montañés.  Una casona montañesa del siglo XVIII nos recibe a la entrada del pueblo. Es la casa de los Bustamante.  En la fachada destacan las dos arcadas de medio punto que forman el zaguán y a su izquierda una ventana adintelada con decoración de orejera. 


  En la planta superior tiene una buena   balconada de hierro protegida por muros cortavientos en la que podemos ver una pieza armera que nunca llegó a labrarse, enmarcada por dos hornacinas con venera y peana.

Casi contigua a esta casona encontramos la capilla de San José, terminada de construir en el año 1803.  Arcaizante en su concepción, mantiene gran unidad de estilo en la fachada y en el interior.  Era propiedad particular, pero posteriormente fue donada al pueblo. 

En la fachada está la puerta de entrada, en arco de medio punto decorado con motivos vegetales populares.  En el tejado se encuentra la espadaña, con una sola tronera, en la que figura el año de su construcción.  La construyó don José Vélez de Cossío, aportando gran parte del capital su hermano don Francisco, vicario general de la Orden de San Juan y capellán de honor del rey.
 
Siguiendo la única calle del pueblo nos encontramos con la Casona de Velarde, construida en el siglo XVII, en cuya fachada podemos observar el fabuloso escudo de armas, timbrado con yelmo afrontado y con dos leones por soportes, correspondiente a la familia Velarde. 


Desandamos el camino y vamos a visitar la Casona-palacio de los Alonso Caballero.  Este edificio es el más importante del pueblo y se encuentra ubicado detrás de la plaza.  En el cortavientos de la izquierda se sitúa un bonito escudo con las armas de Alonso y debajo la inscripción: << ESTAS ARMAS Y BLASON DE ALONSO SON >>.  En el cuerpo de la derecha podemos ver un impresionante escudo con las armas de la familia Alonso. 

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Seguimos nuestro itinerario, dirigiéndonos  a Yermo, para poder contemplar la iglesia de Santa María que es nuestro principal objetivo, Este templo, allá por el siglo VIII, fue un antiguo monasterio,  uno de los primeros que se fundaron en la  región.  Su primitivo edificio estaba ya construido en el siglo IX, cuando los obispos Severino y Ariulfo, que debieron ser sus fundadores,  firman un documento por el que donan el monasterio al obispo de Oviedo, con el siguiente texto: “facimus kartulam testamenti de monasterio nostro vocabulo Sancta María de Ermo quod fundavimus in Asturias territorio Camesa in valle qui dicitur Quo”.



Yermo         Santa  María 


      Este es uno de los templos más bellos e interesantes del románico montañés,  aunque no es de los más antiguos, pues data de finales del siglo XII o principios del XIII  A pesar de sus reducidas dimensiones  es de los que guardan una mejor unidad de estilo y una abundante decoración.  Su actual fábrica es toda ella románica de finales del siglo XII y sólo la sacristía, una capilla y la espadaña, son añadidos del siglo XVIII.



Su planta románica es sencilla presenta una  sola nave rectangular con ábside semicircular y presbiterio, colocados en dirección al este, mirando hacia Jerusalén como era preceptivo por aquellos tiempos.  En su exterior  la iglesia destaca por la fachada sur, donde  está situada la puerta de ingreso,  que ya presenta el arco apuntado, como era característica de las iglesias de finales del siglo XII.  Tiene un guardapolvo cubriendo sus cinco arquivoltas, de las que dos  son de baquetones y escocias con bolas, otras dos de puntas de diamante y baquetones, siendo la más interior casi lisa.  La chambrana de círculos secantes cierra estas arcaduras.


Apoyan todas estas arquivoltas sobre bellos  cimacios de hojas y  entrelazos, sostenidos a su vez por  cuatro capiteles iconográficos, dos a cada lado. En la parte izquierda, se ve una lucha de guerreros a caballo y unos grifos afrontados en el otro.  Los de la derecha presentan unas fieras con enormes fauces y el otro  con el tema de” Daniel en el foso de los leones”.

La cornisa que recorre todo el muro sur y el ábside semicircular se encuentra sostenida por una colección de canecillos labrados con una temática muy variada. Todos están extraordinariamente bien conservados y entre ellos predominan las figuraciones con tendencia naturalista.  Se pueden ver varios con temas de caza, otra serie dedicada a la juglaría y el resto a la lujuria y otros pecados capitales.
               


En la portada,  lo más destacado es el bajorrelieve del tímpano, que aunque está algo deteriorado, se puede apreciar perfectamente tanto en el exterior como en el interior.  Lleva el tema del caballero cristiano cubierto con casco y cota de malla luchando contra un dragón que tiene la cola enroscada.  Este jinete está armado con una espada en la mano derecha, mientras que con la izquierda sujeta un escudo para defenderse de la fiera.

        
La estética de esta iglesia corresponde a la cronología reflejada en dos sillares de la puerta de ingreso, cuya inscripción grabada en letras románicas dice así: “ ERA MCCXLI /  DE SANTA MARIA / ESTA IGLESIA / PETRO QUINTANA ME FECIT / PATER NOSTER POR SU ALMA ”.  Es decir, que fue construida en 1203 por Pedro Quintana, uno de los pocos maestros arquitectos conocidos de esa época y el mismo que labra los capiteles iconográficos del claustro de Santillana. 


              


Su obra segura en la iglesia de Yermo sería el tímpano exterior y los relieves de Santa Marina y la Virgen con el Niño del muro sur.  Este muro tiene dos ventanas gemelas románicas abocinadas con arco de medio punto y con guardapolvos de billetes.  Sobre una se alza una escultura de una leona con su cría, y en los extremos del tejaroz  de la puerta, se ven dos magníficos  relieves bajo arcadura, en uno se pueden ver dos figuras bajo arco y la inscripción  “SANTAMARINA”; estas dos figuras están de pie.  En el otro,  también bajo arcadura, vemos una representación de  la Virgen con el Niño.

         El ábside está  separado del muro sur por un contrafuerte.  Está dividido en tres calles, también mediante contrafuertes, de las cuales, en la del centro podemos ver  la única ventana existente, con arco de medio punto tallado en una sola piedra, con una bella decoración de cestería, de la misma labra que la imposta que a su izquierda recorre el muro del ábside. 


Los capiteles labrados con motivos iconográficos en los que podemos ver en la parte izquierda un grupo de personas que parecen besarse,  mientras que el derecho es de motivos vegetales con hojas y frutas.  En los cimacios de estos capiteles ha desaparecido su talla exterior pero interiormente lleva la misma labra que las impostas del muro que curiosamente son diferentes a un lado y otro de esta ventana.


La nave en su interior tiene la cubierta toda de madera siendo el  tramo recto del presbiterio de cañón apuntado y el ábside se cubre con bóveda de horno. Conserva esta nave de románico, la puerta de acceso a la sacristía, que tiene  el arco apuntado y capiteles tallados con una temática vegetal. Descansan estos capiteles sobre cimacios decorados con flores de lis invertidas.  

  
El arco triunfal, también es apuntado y doblado, con una chambrana decorada con dobles aspas , que se apoya sobre capiteles historiados;  en el capitel izquierdo podemos ver un bello Pantocrátor almendrado en el centro, con el símbolo de los cuatro Evangelistas según la visión de San Juan en el Apocalipsis y en los laterales, varias figuras de los apóstoles, mientras que en la derecha vemos en el centro una representación de la Epifanía, con la Virgen, el Niño y San José,  y en los laterales vemos una figura con capa que podría ser Zacarías y los tres reyes Magos coronados y a caballo.
 

En el tímpano de la puerta por la parte interior, volvemos a contemplar una imagen muy parecida a la del exterior, con otra lucha del caballero con el dragón, pero esta vez en el momento en que el jinete da muerte a la fiera clavando su espada en el pecho de éste, que a su vez muerde el escudo del caballero. Representa la lucha entre el bien y el mal e incluso se puede poner en relación con la Reconquista de la Península.