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12/2/18

Piedras que hablan de historia

Cuando las piedras te hablan, sientes
en tu interior la magnitud de este arte románico.
Esta escritura en piedra que nos dejaron
los canteros medievales.
Tocar… acariciar estas viejas piedras,
me ha dicho cosas, muchas cosas

A través de este blog quiero recopilar las experiencias vividas en la infinidad de viajes que he realizado con la familia y amigos por diversos puntos de nuestra geografía, que me han servido, además de entretenimiento y diversión, para enriquecerme culturalmente gracias a la gran cantidad de templos y  monumentos que he tenido la suerte de contemplar durante las visitas realizadas a los más variopintos lugares donde hubiera un templo románico.



También quiero recordar la cantidad de puertas a las que hemos tenido que llamar para visitar templos casi desconocidos, las kilometradas realizadas para llegar a esas iglesias, el maltrato que he dado a mi coche y al de mis amigos por caminos casi intransitables y las maravillosas personas que he ido conociendo y tratando mientras recorría el verdadero e ignorado románico rural, donde el amable señor o señora que se presta a dejar lo que está haciendo para acompañarte a su iglesia, mientras se asombra de que alguien pueda haber llegado hasta allí para visitar su templo.


Iglesia de Sobrepenilla en Valderredible
Lugares en los que pese a su sencillez en los que algunas veces solo se conserva una pequeña portada, algunos canecillos en el muro, o un insignificante resto románico, me han parecido dignos de ser visitados y admirados, no ciñéndome exclusivamente a los grandes templos.  Todo esto es lo que quiero expresar en este espacio, por lo que espero que el que se digne leerlo no vea en él mi falta de conocimientos, sino la ilusión con que está escrito. De estas historias y leyendas saben mucho los viejos del lugar por lo que  si dispones de tiempo suficiente,  merece mucho  la pena perder un poco escuchándolos.

Guía de las iglesia de Revilla de Santullán
Pero no solo estos pequeños pueblos han sido objeto de mi visita, sino que también he recorrido otros con bastante solera, tanto de  Cantabria como de  varias provincias cercanas, sobre todo de Castilla-León, pero está claro que si he escoger, me quedo con el encanto de esas minúsculas aldeas  de los valles de  Liébana, Campoo, Valderredible... por el encanto de sus pequeños templos rurales y por la riqueza en calidad y cantidad de las iglesias dispersas por toda la comarca del Besaya.


Colegiata de Santillana del Mar
Colegiata de San Martín de Elines
Hay que recorrer sin prisas cualquiera de estas comarcas, o todas ellas, si llega el caso, pues supone, a la par de gozar de paisajes muy hermosos, participar en la intensa melancolía que producen la gran cantidad de  pueblos casi desiertos y abandonados, con sus casas desventradas y sus templos saqueados, donde sus restos conviven con las ortigas, los cardos y los espinos, creciendo frondosos entre sus muros despostillados

Iglesia de Huidobro hoy por suerte rehabilitada
En mis recorridos por esas tierras de Cantabria, Palencia, Burgos, Zamora, León Soria, Segovia, Ávila, Asturias, Álava, Navarra, La Rioja y Galicia, me han ocurrido infinidad de anécdotas que me llevarían mucho tiempo y espacio poder contar, pues me ha ocurrido de todo. Lo más curioso es el día que me pasé tomando fotografías sin darme cuenta de que tenía la cámara averiada, hasta salir corriendo de algún pueblo perseguido por varios perros que parecía que no les gustaba mi visita. 

Iglesia de San Martín de Frómista
Pero bueno esos son pequeñas aventuras que no han enturbiado para  nada la satisfacción que he tenido cada vez que visitaba unos restos románicos.  He podido visitar extraordinarias iglesias, como en Frómista, Carrión de los Condes, Toro, Zamora... y catedrales como la de Santiago de Compostela, y Salamanca, pero también he visto, minúsculas ermitas de apenas veinte metros cuadrados que también tenían gran interés. 

Ermita de San Pedro de Tejada
Si he de elegir alguna entre las que me haya impactado más, escogeré dos, una de la provincia de Burgos y otra de la de Palencia.  Se tratan de San Pedro de Tejada en Puente Arenas y San Juan Bautista de Moarves de Ojeda, que a pesar de ser de reducidas dimensiones, poseen en sus muros una extraordinaria riqueza en su escultura.  También merece la pena destacar el extraordinario friso de la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes y la fabulosa colección de capiteles y canecillos de San Martín de Frómista.


Pantocrátor del friso de la iglesia de Santiago de Carrión
Tetramorfos del friso de Santiago de Carrión
Lo más triste es que con la decadencia de la vida rural, después de más de ocho siglos de resistencia, comprobamos con harta frecuencia que la ruina avanza galopante y el fin se palpa ya, anunciado por las grietas y desplomes de muros y bóvedas. Causa una enorme tristeza la gran cantidad de templos que encontramos en ruinas en esos pueblos que la gente ha ido abandonando y que nadie se ha preocupado de restaurar.


Ruinas de Santa María de Tina en Asturias
 Ruinas de la iglesia de Hormicedo en Burgos
El principal inconveniente que me he encontrado en nuestro camino, ha sido la cantidad de iglesias  cerradas, unas porque solo se abren en horas de culto y otras a causa del horario, que no coincidía con nuestra estancia, aunque a decir verdad creo que he tenido suerte con los párrocos y los encargados de las llaves de las iglesias, pues han sido muy pocas en las que no hemos conseguido acceder al interior.  Pero bueno eso son pequeños problemas que no enturbian para nada el objetivo propuesto.

 El románico

Las Trompetas del Apocalipsis


“Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi, una estrella que cayó del cielo a la tierra; y le fue dada la llave del túnel que lleva al abismo profundo…

“vi, un ángel que descendía del cielo, trayendo la llave del abismo y una gran cadena en su mano.  Tomó al dragón, la serpiente antigua que es el diablo, Satanás,  y le encadenó por mil años.

Lo arrojó al abismo y cerró, y encima de él puso un sello para que no extraviase más a las naciones, hasta terminados los mil años, y después de los cuales será soltado por poco tiempo.

Vencido este plazo,  Satanás será soltado y saldrá a extraviar a las naciones.”…

Con el sonido de la sexta trompeta, quedan liberados los cuatro ángeles. Que aparecen sobre la superficie del lago Éufrates, ataviados con armaduras, espadas y lanzas; están preparados para matar a la tercera parte de los hombres…

Fueron sueltos los cuatro ángeles, que estaban preparados para la hora, y para el día, y para el mes, y para el año…
(Apocalipsis, 9:)


Durante mucho tiempo se habla del cambio de milenio y eso  induce a los cristianos de la Edad Media a abandonar todo lo que poseen de este mundo y aprestarse a rendir cuentas al reino de Dios.    Las señales que se perciben no dejaban lugar a dudas e indican el  tiempo que el hombre debía esperar sobre la tierra hasta que llegase su hora. Por lo que el miedo por el fin del milenio se adueñaba del hombre medieval, que ya había tenido que soportar una gran cantidad de plagas y hambrunas,  sumido en la más absoluta pobreza.  

Pero cuando se acaba la tortura que padecían por el miedo al cambio de milenio y veían que no sucedía nada de lo que habían pronosticado, comienza a renacer el optimismo entre la gente y en ese nuevo clima empiezan a construirse gran cantidad de iglesias y monasterios que se extienden por todos los lugares.   Este resurgimiento  social y espiritual es el que hace revivir entre el clero una auténtica fiebre de construcciones románicas.

Maqueta de una iglesia románica en construcción
Un templo románico pretendía ser una construcción compacta que pudiera soportar una estructura abovedada de piedra, y para levantar sus muros los canteros colocaban dos hileras de sillares de gran grosor cuyo hueco se rellenaba con cascotes y argamasa, con lo que se conseguía cimentar el muro y darle gran consistencia.  A medida que estos muros iban creciendo en altura se hacían indispensables unos andamios de madera que disponían de unas poleas por las que los canteros y albañiles subían los sillares que habían tallado en el suelo.

Inscripción de Pedro Quintana en Yermo
Inscripción de Micaelis en Revilla de Santullán
El maestro cantero vigilaba en todo momento las obras y la correcta colocación de los sillares y alguno de estos maestros dejaron impreso su nombre, como Pedro Quintana en Yermo,  Juan de Piasca en Rebolledo de la Torre, Micaelis en Revilla de Santullán, o el maestro Mateo en la catedral de Santiago de Compostela.

Portada de la ermita de San Pedro de Tejada
Portada de la iglesia de Santa María de Estíbaliz
Portada de la iglesia de la Magdalena en Zamora
Los elementos del edificio donde los escultores se esforzaron más en la decoración fue en  las portadas, en los capiteles, en los claustros, en las ventanas y en las cornisas, donde podemos contemplar verdaderas obras de arte.  Mención aparte merecen las portadas ornamentadas con una serie de molduras o arquivoltas progresivamente rehundidas que apoyan sobre impostas o cimacios que a su vez lo hacen sobre columnas encapiteladas.


Tímpano de la iglesia de El Vigo
Tímpano de la iglesia de Báscones de Valdivia
Tímpano de la iglesia de Santa María de Yermo
Alguna de estas portadas, como podemos ver en las iglesias de Yermo, El Vigo, Cervatos y otras muchas más suelen llevar un tímpano situado entre el arco y el dintel, donde se desarrollan verdaderas obras de arte, con temas tan  característicos en el románico como el Cristo en Majestad, o Pantocrátor, envuelto en una mandarla, a la que rodea el Tetramorfos formado por los Evangelistas. Vemos también temas profanos como el de Santa María de Yermo en el que se representa la lucha de un caballero contra un dragón.


Ventana de la iglesia de Lasarte en Álava
Ventana de la ermita de San Pedro de Tejada
Las ventanas abiertas en los muros son interesantes elementos del templo concebidos para la iluminación del interior del recinto y suelen  rematar en un pequeño arco de medio punto.  Sin embargo en el siglo XII coincidiendo con el Románico Pleno estas ventanas se realzaban en la mayoría de los casos mediante una arcada tipo portada con sus correspondientes columnas y capiteles. También abundan las ventanas de aspillera, saeteras y con parteluz.

Espadaña de la iglesia de Bolmir
Torre de la iglesia de Santa Cecilia de Aguilar
Los campanarios de los templos románicos   son  unos  puntos  que  dominan  todo el  territorio  precisamente  para  que  el sonido  de las  campanas  llegue  a  los  lugares  más  alejados  posibles.  Eran la comunicación entre Dios y el pueblo. Puede ser  una pared colocada regularmente en el muro occidental, y que sería la espadaña, con una o varias troneras para alojar la campanas, o también una torre cuadrada de varios pisos y con ventanas simples o geminadas.  Esta torre cuadrangular  se suele ubicar en diferentes partes del templo, ya sea en los laterales, o sobre el crucero. 

Claustro del monasterio de Villamayor de los Montes
Capitel del claustro del monasterio de San Andrés de Arroyo
El claustro se puede considerar el elemento románico exclusivo del mundo monacal o catedralicio y era  el corazón de la vida de los monjes.  En él confluían la sala capitular y  las demás  dependencias de la casa.    Especial atención merece el claustro de Santo Domingo de Silos, ya que este bellísimo monumento eclipsa a todos los demás. También merece la pèna destacar el claustro de estilo cisterciense del monasterio de San Andrés de Arroyo. 


Claustro de la colegiata de Santillana del Mar
Claustro descubierto de San Juan de Duero en Soria
No nos olvidemos del claustro de la Colegiata de Santa Juliana, en Santillana del Mar, que se cita entre los más bellos del románico, por la calidad de los capiteles que recorren sus crujías.  Otro buen ejemplo por su singular belleza lo podemos encontrar en Soria. Se trata del claustro descubierto de San Juan de Duero, que junto a su iglesia es lo único que queda en pie de un antiguo monasterio medieval que fue construido en el siglo XII a la vera del río en las cercanías del Monte de las Ánimas.



Galería porticada de Rebolledo de la Torre
Los pórticos son espacios diseñados en su origen en las iglesias rurales para protegerse de las inclemencias del tiempo. Estos pórticos fueron evolucionando en las galerías porticadas típicas del románico castellano. Sobre la funcionalidad de estas estructuras, se ha aludido a un uso funerario desde sus orígenes prerrománicos. Por desgracia, la mayoría de las galerías porticadas han sido alteradas  y rara vez podemos encontrar restos de las lápidas funerarias que en aquellos tiempos  pudieron existir




Galería porticada de Rebolledo de la Torre
El  uso de las galerías porticadas fue derivando hacia una utilidad cívica como marco para las reuniones de los concejos rurales, aunque sin menoscabo de su papel litúrgico como atrio. La celebración de estas reuniones concejiles en el entorno del templo se mantuvo en vigor durante toda la Edad Media.  Sin duda la galería porticada de Rebolledo de la Torre en Burgos es una de las más importantes, a pesar de su lejanía respecto a las tierras del Duero que es donde se concentran el mayor número de estos elementos.


Capitel de la Orestiada en San Martín de Frómista
Capitel de la Matanza de los Inocentes en Aguilar
Los capiteles  cumplen una doble función: estructural e ilustrativa.  En él se apoyan los arcos que sostienen las bóvedas, las arquivoltas que decoran las portadas y ventanas, y las  galerías porticadas; también se ubican bajo las cornisas, cumpliendo la misma función que los canecillos.  Desde el punto de vista estético, el capitel románico deriva del clásico corintio, De modo que uno de los motivos más utilizados es la vegetación, y especialmente aquella basada en el acanto.  Sin embargo hay multitud de capiteles con temas historiados e iconográficos en los que nos presentan la realidad de la vida cotidiana.


Cornisa de San Pedro de Tejada
Cornisa de San Martín de Elines
Especial interés tuvieron los canteros  medievales en decorar los aleros de los templos.   La mayoría de las cornisas decoradas se adornan con  ajedrezado, rombos o zarcillos.   Los canecillos se cuentan por miles y son de una enorme variedad, con una temática muy diversa. No se han escatimado alusiones a monjes, pastores, músicos, bailarines, figuras obscenas y provocativas.  Varias iglesias cántabras se llevan la palma en cuanto a representaciones eróticas en sus canecillos y capiteles. Han tenido que pasar muchos años para que tomemos conciencia de este arte. 


Canecillo del alero de la iglesia de Butrera
Canecillo del alero de la galería de Rebolledo de la Torre
El románico cada vez nos interesa más, y al cabo de muchos años de ignorarlo, se ha caído en la cuenta de que es una manifestación de arte, de verdad y de misterio. Acumula historia y al ser un arte eminentemente simbólico se hace atractivo para los que lo contemplamos y se convierte en un arte didáctico, del que se valieron los canteros medievales para enseñar a aquellas personas en su mayoría analfabetas de los males del pecado.  Nació para enseñar, por eso al contemplar este arte, no tenemos que ver solo muros y  formas, sino que cuando visitamos un templo románico debemos intentar desentrañar el misterio y el mensaje que los escultores nos dan, a través de estas piedras.



El románico en Palencia

 Carrión de los Condes
Iglesia de Santiago

En el centro de  Carrión de los Condes se puede contemplar esta iglesia de Santiago, que fue construida en el siglo XII, y de lo poco que conserva de esta época destaca sobre todo su espléndida fachada, sin duda el mejor ejemplo románico  que existe en la provincia de Palencia y quizá de toda España.




En ella se abre una portada con arco de medio punto y arquivolta figurada, con la representación de 22 oficios de la época,  que se apoya en dos columnas, cuyos capiteles representan el bien y el mal. La primera figura, empezando por la izquierda, es un pañero, después vienen varias con actividades relacionadas con la acuñación de monedas, un escriba, un monje, un tañedor de salterio, un juez con bonete, un zapatero, un juglar, un sastre, etc.



Los fustes de las columnas muestran talla geométrica y vegetal dispuesta en zigzag. Dos ángeles de cuerpo entero, afrontados en su tercio superior, portando el de la derecha, una filacteria.
Sobre la interpretación de los capiteles de la portada no hay acuerdo. En lo relativo al capitel de la izquierda se observa, en la cara exterior, a dos figuras con hábito y manto, introduciendo una mano en la cabeza de león con fauces abiertas y con la otra sujetando por la capa a un patético personaje.




Una línea de imposta con motivos antropomorfos y vegetales entre vástagos enlaza con una chambrana de  racimos de vid que cierra el conjunto.
Por encima vemos  un magnífico friso que representa a Cristo  en Majestad,  que viste túnica y manto de ricas guarniciones; en su mano izquierda porta el Libro de la Vida, mientras que con la derecha, hoy desaparecida, debía bendecir.




 Este  Pantocrátor  está rodeado por el Tetramorfos, o sea,  los cuatro evangelistas según la visión del profeta Ezequiel: el ángel de Mateo, el león de Marcos, el águila de Juan y el toro de Lucas. 
A ambos lados de este motivo se extiende el Apostolado bajo arcos trilobulados separados por columnas. Tras ellas unos arcos que deben entenderse como la representación de la Jerusalén Celeste.








Santa María del Camino

 Carrión de los Condes

Esta iglesia románica fue construida a mediados del siglo XII y  desde su construcción, se dedicó a la Virgen de las Victorias, alusión a la derrota sufrida por los musulmanes, cuando llegaron a Carrión a cobrar el “Tributo de las Cien Doncellas”. Más tarde, se llamó de Santa María del Camino por estar al lado de la ruta jacobea, y desde entonces se conoce con ambos nombres.



Esta iglesia, construida en buena piedra de sillería, es de grandes dimensiones si se compara con otros templos románicos de la provincia. Tiene planta basilical y se ajusta al tipo románico inicial, con influencias francesas debido, seguramente, al paso de los peregrinos hacia Santiago.


El ábside mayor fue derribado  siglos después, para levantar uno barroco. Aún podemos ver el arranque del primitivo ábside románico con sus columnas y capiteles. No se ve el ábside septentrional por  estar oculto por los edificios cercanos, y solo el del sur se puede ver desde la calle.



La portada se abre en el muro del mediodía; es pequeña, entre dos arbotantes.  Es en esta portada donde podemos ver la decoración más interesante, aunque por desgracia está bastante deteriorada además de que su ejecución es bastante tosca.



Esta portada meridional, se comienza a construir hacia el año 1130 y la forman cinco arquivoltas de medio punto en las que se alternan orlas ajedrezadas con una tosca guirnalda vegetal. Dos de estas arquivoltas  se apoyan en cuatro capiteles historiados que parecen hacer alusión al célebre tributo de las cien doncellas, donde vemos hombres barbados y varias mujeres.


La puerta de entrada está flanqueada por cuatro ménsulas que tienen  forma de  cabezas de toro. En las enjutas a la izquierda se  representan dos jinetes que bien podrían ser Sansón o David sobre un león y a la derecha, un caballero cuyo caballo pisa a un hombre en el suelo que podría ser Santiago matamoros.



En el largo friso superior  se representa el ciclo completo de la Epifanía. Comienza con el rey Herodes que parece estar dando órdenes para la matanza de los inocentes. A continuación vemos a dos de los Magos, y luego al otro dirigiéndose a Herodes. Finalmente se puede apreciar una imagen de la Virgen sentada en un trono con el Niño descabezado en su regazo recibiendo las ofrendas.


A los pies  de la iglesia, en el muro oeste, podemos ver una portada con tres arquivoltas de medio punto, de las que la central apoya en capiteles historiados y columnas lisas sin decoración. Por encima vemos una hornacina  que albergaba una Virgen en madera que ahora se cobija en el interior.  En su lugar se colocó una réplica de piedra




San Martín de Frómista

Donde hoy se encuentra esta bella iglesia de Frómista hubo en el siglo XI un antiguo monasterio fundado por Doña Mayor de Castilla, según declara su  testamento fechado en 1066 en el que deja en herencia parte de sus bienes para construir un nuevo cenobio y su iglesia.  Aunque hoy se desestima esa cronología tan temprana y se cita a principios del siglo XII la fecha del inicio de su construcción.



La iglesia de San Martín de Frómista presenta planta basilical de tres naves, la central más ancha y alta que las laterales, crucero  y una cabecera de tres ábsides semicirculares.  Destaca la altura del cimborrio octogonal sobre el crucero.




Al exterior, presenta muros sólidos donde se abren bellas ventanas de medio punto, y elementos estructurales de una gran nitidez constructiva. Vemos esa rica  ornamentación que recorre  sus muros que efectivamente resulta bellísima: Por un lado el ajedrezado jaqués decorando arcos e  impostas, las arquivoltas  alrededor de las ventanas, las columnitas acodilladas, los capiteles historiados, y lo que es más impresionante, sus  315 canecillos que reproducen lo mejor y más selecto programa del románico español.



En sus muros se abren tres portadas, una en la parte occidental y las otras dos, en los muros norte y sur.  Destacan por su sencillez y sus arquivoltas casi lisas, al contrario que los aleros que se sitúan por encima están ricamente decorados con ajedrezado jaqués y canecillos figurados.


En el hastial occidental podemos ver dos torres cilíndricas, cosa no muy frecuente en el románico castellano, aunque en Cantabria tenemos varios ejemplos en las colegiatas de Santillana y San Martín de Elines.




Si contemplando el exterior de Frómista te quedas perplejo una sensación mucho mayor tienes cuando entras en el interior de la iglesia.  La sobriedad que se observa y su rigor ornamental, quizá debido a su restauración, con esas naves desnudas que nos permiten ver con mayor claridad la obra escultórica de todos sus capiteles.




La  decoración labrada en los capiteles es de enorme interés, en los que se intercalan temas historiados, zoomórficos y vegetales, aunque algunos son réplicas restauradas de los originales.  Por  un lado están los historiados, que muestran escenas de la mitología cristiana y otras extrañas de compleja interpretación, aunque sin duda para el hombre medieval debieron de tener un significado claro.





Vemos escenas de;  La adoración de los Reyes Magos, El prendimiento de Cristo, La fábula de la zorra y el cuervo, Hombres cabalgando leones, Una escena de luchadores, la Orestiada, etc.
Muchos de estos capiteles son reproducciones del original que al encontrarse en muy mal estado fue imposible la restauración.  Algunos capiteles originales los podemos ver en el Museo Arqueológico de Palencia.





San Juan Bautista 
de Moarves de Ojeda

La iglesia de San Juan Bautista de Moarves de Ojeda es uno de los monumentos románicos más impresionantes de la provincia de Palencia, construido en la segunda mitad del siglo XII. Destaca sobremanera su fachada meridional donde se abre la portada principal y un fabuloso friso con un Pantocrátor rodeado por el Tetramorfos y a sus lados una bello apostolado.


No se conoce la identidad del escultor,  pero por  su estilo, se puede asegurar que sigue las normas del maestro que talló el friso de Carrión de los Condes, aunque su calidad no llega a la del conjunto carrionés. Donde los escultores alcanzaron la perfección es en los pliegues de los mantos, en el rostro, el cabello y la barba del Cristo en Majestad.



El conjunto del friso sigue la composición habitual, de la «Maiestas Domini» o Cristo en Majestad. En el centro envuelto en una mandorla podemos ver la figura de Cristo.   Se muestra con la mano derecha alzada, en actitud de bendecir, mientras que con la izquierda sostiene el Libro de la Vida.


 Por esta actitud, la figura de Cristo en majestad es también conocida como «Pantocrátor». Está flanqueado por cuatro figuras que forman el Tetramorfos, que representa a los cuatro evangelistas: Vemos como un ángel representa a San Mateo,  un águila a San Juan, un buey como  San Lucas, y  un león como San Marcos.



Por último, vemos una serie de figuras dispuestas horizontalmente a cada lado de Cristo que  representan a los doce apóstoles. Estos portan, como es habitual, los atributos que los identifican, como pueden ser libros, filacterias o cruces. La técnica en la talla de este apostolado es mucho más modesta que las figuras centrales.



Pero no solo este extraordinario friso merece la pena observar en este templo, pues todos sus capiteles están ricamente decorados con escenas que representan figuras animales y humanas, incluso músicos, junto con otros temas vegetales que destacan por su tallado.




La portada principal se abre con un arco de medio punto y está formada por cinco arquivoltas decoradas con motivos geométricos y vegetales, como ajedrezado jaqués, baquetones, hojas de acanto y palmetas.
 Apoyan estas arquivoltas en capiteles decorados con diversas figuras de bailarinas, músicos tocando el rabel, un personaje sedente y una escena de Sansón que coinciden con capiteles decorados.  


Los del lado derecho llevan temas vegetales como hojas de acantos; guerreros con escudos y espadas; una lucha entre un león y dos hombres y una pareja leyendo un libro.



En el muro sur a ambos lados de la portada principal podemos ver dos bellas ventanas de medio punto con arquivolta, guardapolvo y cimacios ricamente decorados con motivos geométricos y  vegetales, sobre todo la derecha.  Las arquivoltas descansan sobre buenos capiteles figurados y vegetales.



Vemos también una buena pila bautismal junto al altar colocada sobre una base circular y su cuba troncocónica, decorada con un motivo muy similar al del friso exterior;  Un Cristo sedente con un libro, entre un apostolado cobijado en arquerías.  Esta pila ha sido restaurada recientemente y la han tenido que poner un aro metálico en el borde de la cuba para evitar su rotura.



Revilla de Santullán
San Cornelio y San Cipriano


Esta pequeña iglesia rural de Revilla de Santullán es una construcción románica del siglo XII que ha llegado hasta nosotros con muy pocos cambios con respecto a la edificación original.  Presenta una única nave, con presbiterio plano y con bóveda de cañón apuntado y un ábside semicircular con bóveda de horno, separados de la nave por medio de un arco triunfal decorado con capiteles historiados; el izquierdo representa al profeta Daniel en el foso de los leones y el derecho, un ángel sobre caulículos.



Por el exterior el ábside está articulado por medio de contrafuertes prismáticos que lo dividen en tres calles o lienzos. Horizontalmente no lleva separación de cuerpos por una imposta como es habitual.  En la calle central se abre una ventana decorada con una arquivolta de baquetón y escocia, con bolas en el interior que está flanqueada por dos columnillas con capiteles bastante toscos en los que vemos una pareja de aves y leones afrontados.  En el muro sur del presbiterio, casi oculta por la sacristía del siglo XVI, podemos ver otra ventana todavía más sencilla, con capiteles vegetales.



La mayor parte de la decoración escultórica del templo, parece ser que centró en su magnífica portada, protegida por un pórtico ya muy posterior, que sin duda ha permitido que hoy la podamos contemplar apenas erosionada. En la decoración de esta portada se ve claramente que ha sido realizada al menos por dos talleres diferentes


Está conformada con un arco ligeramente apuntado en el que abren sus seis arquivoltas en las que aparecen dientes de sierra, boceles, y escocias.  Pero hay una que destaca sobre manera, la segunda comenzando por el interior que tiene una magnífica representación de la Última Cena, con Cristo en el centro bendiciendo y los apóstoles puestos simétricamente a su alrededor, colocados de dos en dos por dovela.  En uno de estos apóstoles se ve la inscripción de Bartolomé.  En los extremos bajo unos arcos de mayor tamaño, a la izquierda un personaje de largos cabellos y en la dovela opuesta la representación del escultor autor de la portada, con la inscripción MICAELIS ME FECIT, grabada en el arco.





Estas arquivoltas están apoyadas en fustes cilíndricos coronados por una extraordinaria colección de capiteles cuyos motivos son;  comenzando por la parte izquierda vemos en primer lugar una pareja de grifos afrontados; una representación de Sansón con un león y un dragón a su lado; un centauro con arco y flecha con un león acosándole; los dos siguientes, parejas de animales fantástico afrontados; una pareja de arpías encapuchadas.  En la jamba se representa la lucha de un caballero armado contra un león.




El lado derecho comienza con la representación de las Tres Marías y un ángel ante el sepulcro de Cristo;  siguen dos capiteles vegetales; en caballero atacando a un dragón; un león atacado por una serpiente; y por último otro capitel vegetal de hojas carnosas.



En la bóveda del ábside y presbiterio permanecen los restos de pinturas datadas en torno a 1475-1500, retocadas en el siglo XVIII; en ellas aparecía un ciclo de la infancia de Cristo.





Santa Eufemia de Cozuelos
Olmos de Ojeda

En el lugar donde hoy podemos ver esta iglesia de Santa Eufemia, hubo allá por el siglo X un antiguo monasterio de patrimonio real y su primera mención aparece en fecha de 946 como una comunidad  bajo el nombre de San Cosme, San Damián y Santa Eufemia.  La iglesia, que es el único resto conservado del primitivo monasterio fue edificada con buenos sillares de arenisca
.


Parece que esta iglesia fue construida en varias etapas, la primera a inicios del siglo XII, en la que construiría la cabecera, una intermedia en las décadas finales de ese siglo con la edificación del crucero y el cimborrio  y la última, ya entrado el siglo XII, en que se construiría la nave.       


Por el exterior en la cabecera destacan los tres ábsides semicirculares, el central más ancho y alto que los laterales. El del lado del evangelio está dividido por un contrafuerte que llega hasta la cornisa.  El central se  articula por medio de dos contrafuertes que dividen cada una de las tres calles.


En cada lienzo se abre una ventana de muy buena calidad, con arquivoltas, guardapolvo, capiteles y fustes.  La de la izquierda lleva dos arquivoltas de baquetones y escocias con bolas incrustadas, El guardapolvo es de ajedrezado jaqués, así como los cimacios, que se extienden por todo el contorno del ábside.





En los capiteles vemos; un águila con las alas explayadas en la izquierda mientras el derecho lleva decoración vegetal.  Las otras dos ventanas son exactamente iguales y solo cambia la decoración de los capiteles. El ábside de la epístola es similar al del evangelio.

                                                                                   
En el muro se abre la  portada principal y que, en origen, funcionaba como acceso de la iglesia al desaparecido claustro. Se articula mediante dos arquivoltas ligeramente apuntadas que están decoradas; la exterior, con elegantes calados vegetales, y la interior,  con un  zigzagueado muy del tipo andresino.                                                           


Apoyan estas arquivoltas sobre columnas cuyos capiteles, claramente influidos por el cercano monasterio de San Andrés de Arroyo, en los que podemos ver una delicada ornamentación vegetal, destacando en el lado derecho en una de las cestas, dos arpías afrontadas. Cubre el conjunto de la puerta un guardapolvo de baquetones y escocias.                                                      

                                                                               
                  
La fachada occidental está delimitada por dos enormes contrafuertes aproximadamente hasta la mitad del muro, donde disminuyen antes de llegar al último cuerpo, en el que se sitúa una espadaña triangular muy similar a las que venimos viendo por la zona y un gran ventanal de medio punto con arquivolta de baquetones y columnillas muy estrechas en donde apoyan unos capiteles de clara ascendencia  andresina.  Por debajo se abre otra puerta de acceso extremadamente sencilla.

                                                                                                                                                            Vallespinoso de Aguilar
                        Santa Cecilia                                          



Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar es una de las joyas del románico de la Montaña palentina, es una construcción del siglo XII enclavada en un bello paraje, en lo alto de una peña,  para que destaque mejor.  Es un pequeño templo de una sola nave rematada con un ábside semicircular y un presbiterio recto.



En el muro sur, entre la portada y el ábside, destaca una torre cuadrada en la base pero que se vuelve circular cuando va ganando altura y en su interior cobija una escalera de caracol que sube hasta la pequeña espadaña en la que se abre una tronera muy sencilla y sin campana.


La portada de  Santa Cecilia se abre en el muro sur de la nave, en un  cuerpo adelantado del muro y se abre por medio de  seis arquivoltas decoradas con baquetones y escocias, todas salvo la tercera en la que aparecen grandes hojas de palma vueltas rematadas en molinillos.  



Estas arquivoltas apoyan  en una serie de capiteles a modo de friso en los que podemos ver de izquierda a derecha; un combate de centauros afrontados, un capitel con motivos vegetales, otro capitel con animales fantásticos, una representación del avaro con una bolsa en el cuello, y el último capitel con un personaje tumbado y un sacerdote con un libro.  Sobre la jamba, se muestra la escena de la psicostasis, en la que aparece  San Miguel junto con otro ángel mientras que  el  diablo parece sujetar los platillos. se aferra a uno de los platillos.



En los capiteles del lado derecho podemos ver en primer lugar una escena de las Tres Marías ante el sepulcro de Cristo y un ángel a la derecha.  Continua con dos capiteles que representas a personajes de pie; otro con motivos vegetales; en el siguiente aparecen dos arpías afrontadas y por último más motivos vegetales.



Se ven muy pocos canecillos, todos bastante sencillos, salvo los que sostienen el ábside y el presbiterio en los que podemos apreciar una especie de águila con una culebra enroscada a su cuello, un músico con un instrumento musical, un ave que parece un águila, un conejo, etc. En cada calle del ábside se abre una ventana, de las que solo la central está decorada con un par de capiteles que muestran una pareja de grifos el izquierdo y arpías del derecho.



En el interior destaca  el arco triunfal que apoya sobre un par de capiteles también magníficos; en el lado del evangelio vemos una representación de Sansón desquijarando al león, vestido con túnica corta cabalgando la fiera, mientras un personaje agarra la cola del león.  El capitel de enfrente se decora con cuatro grifos rampantes afrontados de dos en dos.                                           


En los muros laterales del presbiterio se abren sendas arquerías, apuntadas y trilobuladas, con tres capiteles cada una que descansan sobre columnas, la central pareada.  La de la izquierda presenta en el centro,  un capitel bastante deteriorado en su parte inferior con una figura que parece portar una bolsa al cuello, y que lleva una argolla sujeta a una cadena.  Parece ser la representación del avaro.






 En la galería del muro sur vemos en su parte central un capitel finísimo muy bien conservado; se decora con dos espirales de hojas de acanto trepanadas que acogen en el centro del molinillo una serie de flores de ocho pétalos, muy parecido al que podemos ver en la iglesia cántabra de Santa María de Piasca, aunque éste de mucha mejor talla y calado.





Ermita de Santa Eulalia
Barrio  Santa María


Esta  ermita de Santa Eulalia que se ubica  en un pequeño cerro cercano al pueblo de Barrio de Santa María en la actualidad no tiene culto. Presenta una planta sencilla de una sola nave rectangular, ábside semicircular precedido del correspondiente presbiterio recto y una pequeña espadaña de una tronera que tiene trazas de ser posterior y que está situada en el hastial occidental de la ermita.  Está construida casi en su totalidad en buena sillería de piedra arenisca.



El ábside, de notable calidad escultórica, se divide en tres calles por medio de dos columnas entregas coronadas por capiteles.  En cada una de estas calles se abre una espectacular ventana abocinada decorada con arquivoltas de medio punto de baquetones y medias cañas a las que cubre un guardapolvo.  Descansa el conjunto en dos columnas con sus cimacios y capiteles de bellísima ejecución.



En estas ventanas es donde se concentran los elementos escultóricos más notables. La de la derecha situada al lado norte del ábside se decora con dos capiteles; el derecho con la representación de las figuras de Adán y Eva, una a cada lado del árbol en el cual se enrosca la serpiente.  El izquierdo presente un motivo vegetal de hojas muy carnosas rematadas con acantos. 




En la ventana que se abre en la calle central del ábside el guardapolvo está decorado con bolas acordonadas.  Tiene un pequeño tímpano polilobulado rodeado por puntas de diamante en el que aparece un ángel con las alas desplegadas. Rodea al tímpano una banda de ajedrezado y los capiteles están decorados con simples de motivos vegetales. 




La ventana de la calle sur lleva dos buenos capiteles figurados en donde podemos ver dos arpías macho barbadas y afrontadas cubiertas con gorros frigios, el del lado izquierdo, mientras que el derecho lleva representados a dos animales, un grifo atacando a un león.





La portada se abre de forma poco habitual en el muro norte y se articula por medio de cuatro arquivoltas apuntadas decoradas con simples baquetones y medias cañas en las que en algunas  vemos motivos de ovas y se apoyan en dos columnas exentas y dos semicolumnillas a cada lado, coronadas por cimacios decorados con hojas de palmas entrelazadas y capiteles también con decoración vegetal.  La puerta de acceso aún conserva casi todos los herrajes de su época medieval.




En los muros interiores de la nave podemos contemplar unas pinturas, en especial en su cabecera, donde vemos en la bóveda del ábside un Pantocrátor en mandorla al que flanquea el  Tetramorfos.  En el presbiterio se reproducen escenas relacionadas con el infierno que representan a varios demonios arrojando de cabeza a una caldera sobre el fuego a los condenados, mientras otros atizan el fuego con un fuelle. 




Santa Cecilia de 
Aguilar de Campoo


La ermita de Santa Cecilia, ubicada en Aguilar de Campoo nos ofrece una bella estampa al estar situada en la ladera  del castillo.  Sus orígenes  son muy confusos, si bien es cierto que en el segundo tercio del siglo XI ya aparece citado el barrio de Santa Cecilia de Aguilar en un documento  de donaciones  de la condesa doña Ofresa.


Este templo parece que fue construido entre la segunda mitad del siglo XII y las primeras décadas del XIII y seguramente sería la parroquia del barrio citado anteriormente que era un pequeño núcleo de la villa al abrigo del castillo. A mediados del pasado siglo la ermita fue sometida a una gran restauración.


 El edificio es una construcción de tres naves rematadas al este con una cabecera  de testero plano, que no sería el original, ya que con toda probabilidad debió sustituir a un primitivo ábside semicircular.  En el lado norte de esta cabecera plana se abre una ventana  de dos arquivoltas de medio punto que apoyan sobre columnas con capiteles decorados con motivos vegetales.


La portada principal se abre en el muro sur en un cuerpo adelantado  y cobijada bajo un tejaroz apoyado en canecillos lisos sin ninguna decoración. Tiene cuatro arquivoltas bastante apuntadas decoradas todas ellas  con baquetones y medias cañas que descansan sobre un ábaco, bajo el que vemos capiteles vegetales decorados a base hojas carnosas con volutas. Las arquivoltas se cubren con un guardapolvo de la misma decoración.


La torre campanario es uno de los elementos más destacados de la iglesia levantado sobre el lugar donde se situaría originalmente el ábside de la nave sur.  Quizá se trate de uno de los mejores ejemplos de torres cuadradas de toda Castilla.




Se alza por medio de tres cuerpos muy sólidos; el primero es macizo y solo abierto por alguna pequeña aspillera.  En el segundo cuerpo se abre una ventana románica en cada lado, mientras de en el cuerpo superior podemos ver en cada lienzo una ventana ajimezada de gran abocinamiento, compuesta por arquivoltas de medio punto que descansan en columnas acodilladas, dos en los laterales y tres en el ajimez.  Sobre estas columnas vemos siete capiteles decorados con motivos vegetales


Cuando pasamos al interior podemos contemplar el arco triunfal de ingreso al presbiterio, apuntado y doblado, descansa sobre  capiteles de los que el del lado de la epístola lleva decoración vegetal con grandes hojas de acanto con las puntas vueltas sobre las que vemos unas  piñas, y su cimacio se pueden ver varias arpías.




El capitel del lado del evangelio representa  la escena de la Matanza de los Inocentes.  Vemos una escena corrida en las caras visibles del capitel, donde aparecen cinco soldados con cota de malla y espadas ejecutando a los niños ante la presencia de sus madres.


En un ángulo de la cesta aparece la figura de Herodes; con corona, vestido con túnica y que mientras con el dedo índice de su mano izquierda ordena que se ejecute a los inocentes, con la mano derecha clava su espada en el costado de uno de los niños.


Monasterio de San Andrés
de Arroyo



Este monasterio cisterciense se encuentra situado en la comarca de Ojeda.  Según la tradición el nombre del monasterio viene de una leyenda que decía que en el arroyo que corre cerca del monasterio se encontró una imagen de San Andrés y de ahí le viene el nombre. Fue fundado por la condesa doña Mencía aunque no se conoce exactamente en qué fecha.



La portada de acceso a la iglesia, es abocinada, y se abre con cuatro arquivoltas ligeramente  apuntadas. Se decoran con baquetones y escocias de forma alternativa, y la  más interna presenta un de doble bocel entrelazado, formando rombos calados, que parecen característicos de este monasterio, donde lo vemos repetido en otra portada del claustro. La arquivolta  exterior lleva una decoración de grandes dientes de sierra. 



Estas arquivoltas se apoyan en columnas acodilladas de fustes lisos, excepto la más interior que lo hace sobre columnas dobles. En los capiteles que coronan estas columnas podemos ver varios motivos vegetales, con hojas de acanto  y palmetas.


Sin ningún lugar de dudas el elemento más espectacular y bello del monasterio, es su fabuloso claustro con una serie de detalles que lo hacen único.  Como ya sabemos, las normas del Císter prohibían los adornos figurados en todos sus monasterios, más allá de los motivos vegetales y geométricos.


Pero esa prohibición fue un acicate para los escultores que trabajaron en Arroyo, que desarrollaron toda su fantasía en la labra de los capiteles, con sus calados a trépano casi imposibles, llegando a la máxima expresión en los capiteles situados sobre las columnas de dos de las esquinas del claustro.



De las cuatro galerías originales hoy solo sede conservan tres del primitivo claustro del siglo XIII, la otra fue sustituida en el siglo XVI por una panda de estilo renacentista.  Las galerías originales que se conservan se componen de 16 arcos las situadas en el norte y el sur, pero la que vemos en crujía oeste tiene 18, por lo que le da al claustro un aspecto de ser trapezoidal.


 Todas estas galerías se configuran de forma similar, con un zócalo de perfil  abocelado, en el que se apoyan la serie de columnas dobles que a su vez sostienen las arquivoltas apuntadas decoradas con baquetones coronados por un guardapolvo de nacela sin decorar.


Si en todas las pandas de las galerías vemos dobles columnas apoyando a los arcos no ocurre así en las esquinas donde aparece una columna única pero con el fuste mucho más grueso. La del ángulo noroeste es espectacular, decorada con un doble zigzag de molduras  cóncavas y convexas, apareciendo en cada uno de los vértices del zigzag adornos de pequeños círculos y flores de seis pétalos. 



La joya de este claustro es  el capitel que corona esta columna, con adornos vegetales trepanados en los que se han tallado  hojas de nenúfar terminadas en bola, acabadas por la parte superior con una fina nacela. Aparece también un tallo de forma casi circular formando una espiral del que brotan cinco hojas nervadas.







En el resto de los capiteles vemos varios temas vegetales, como hojas que terminan en bola, hojas de helecho, hojas de acanto,  hojas entrelazadas unidas por volutas, etc. Casi todos los cimacios que corren por encima de los capiteles están decorados con series de arquillos sobre los que corre por la parte superior una fina moldura aboceladas.




En la  panda norte podemos ver  tres portadas que comunican con el templo, la de la derecha la se abre por medio de tres arquivoltas ligeramente apuntadas decoradas con baquetones y escocias y perfiles de bocel.  La exterior  con grandes  dientes de sierra calados y en la más interna vemos un  bocel formando rombos.  La puerta abierta en el centro de la panda, tiene tres arquivoltas de baquetón y escocias que se alternan, careciendo de otra decoración.




La sala capitular que se sitúa en la galería este del claustro tiene su acceso por medio de una  portada central rodeada de dos ventanales a cada lado, donde vemos varios grupos de columnas acodilladas que sostienen las arquivoltas, tanto del acceso, como de los ventanales. Estas columnas sostienen una variada colección de capiteles de temática vegetal muy estilizados.



Entrando en el interior de la sala capitular podemos  unos sarcófagos entre los que está el de doña Mencía primera abadesa del monasterio, que está asentado sobre basamento decorado con leones, Es de piedra, y está adornado por los laterales con seis escudos de la familia Lara.  En la cabecera del sepulcro vemos  esculpida una representación del calvario, con la cruz puesta en el centro y flanqueada por dos ángeles en la parte superior.  También vemos escenas de la Epifanía